lunes, 27 de septiembre de 2010

Pobrecito mi blog, cada día está más decadente. Lo peor de todo es saber que tengo que cambiarle el look (?), ya no da tenerlo así de colorinche y lleno de firuletes... la mayoría de las miles de personas que votaron en el quest del costadito opinan que mi blog está desbordado (morí al saber que a alguien no le gusta, pero bueno, sobre gustos...). Lo quiero hacer más simple pero siempre me da paja, últimamente me da paja todo, hasta estudiar.
Mañana tengo parcial y no sé nada, pero no quiero amargar escribiendo sobre eso...
El Viernes fue mi primer día en una empresa de Eventos, en Avellaneda. Era en una casita onda los años '50 con un hall de arañas con ochenta lamparitas, y muebles producidos, hermoso.

La cosa es que una pizza party fue lo inauguró el evento en la terraza de la casita. Música jazz o blues de fondo y nosotros, mozas y mozos, teníamos una particularidad: ante invitados de etiqueta, muchos de ellos del gobierno, en la pizza party teníamos que estar disfrazados. Se imaginan de qué?


No, por suerte no nos disfrazaron de Pizza... no me imaginaba con carré pero creo que safa, no?
Fue lindo :). Hoy el dueño me agradeció y no para de decirme "¡genia!" jaja... creo que le caímos bien.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Casi me violan

Hace un rato me levanté y todavía no tengo la completa idea de qué es lo que me rodea, después del shock de anoche quedé tildada, así que espero que comprendan si mi nivel de escritura no supera la coherencia de un loco totalmente fuera de quicio.

Eran pasadas las cinco de la mañana y yo estaba recién saliendo del trabajo: el que me llevaba siempre a casa tuvo que irse más temprano, no había sido una noche demasiado buena como para gastar remis por dos cuadras, y estaba segura de que el colectivo QUE YO NECESITABA, no iba a pasar a esa hora... así que por el momento decidí caminar.

Llegué al centro y sólo habían algunas personas caminando, mayormente pendejos ebrios y gritones que manejaban autos en una supuesta picada masiva.
Pasé por una esquina: ahí arriba, un cartelito que decía "Parada 514 ramal A" se hacía desear, pero la cuadra estaba demasiado vacía como para que algún colectivo me quitara las ganas. Así que decidí caminar... total en media hora estaría en casa.

Mientras mis pasos se escuchaban como eco en el vacío urbano (?), pensaba en que nunca había hecho esto, nunca me había arriesgado a caminar hasta casa... siempre fui en remis, o me había llevado alguien del bar (ah, soy mesera), o iba en colectivo si salía muy tarde... pero no esta vez.
Pasó media cuadra caminada y al fondo veo que se acercaba un auto. Seguí pensando en lo osada que era al caminar hasta casa, y en unos segundos escuché un "¡eh!" que, sabía, iba dirigido a mí. Miré ingenua, pensando en que tal vez el chabón del auto querría saber cómo llegar a tal lugar, o preguntarme alguna calle en especial... pero bastó medio segundo para sacar la mirada de nuevo.

- Hey, cuánto cobrás?

Definitivamente el tipo (qué tipo? Apenas si pasaba los veinte años, creo) que estaba ahí adentro -junto a otro que estaba en el asiento de acompañante- había sobrepasado los límites, aceleré mi paso.

- Hey, dale, si querés podemos llevarte, estás preciosa.

Mi corazón empezó a latir fuerte, mis manos a temblar y las facciones en mi cara empezaron a cambiar. Nunca me sentí más molesta...

- Ay, encima esa cara de "qué pesado que sos" que ponés, no sabés como me calienta. No camines así porque te voy a seguir siguiendo.

Ahí empecé a asustarme, cerré mis ojos y con mis piernas temblorosas y asustadas intuí todas las cosas que tal vez estaban pasándosele al chancho del auto por la cabeza., ni siquiera me quería imaginar...
Estaba empezando a asustarme porque el tipo había puesto el auto de reversa para seguirme, y reaccioné con un "¡dejame en paz!" que exclamó toda la desesperación que empecé a tener. Dí media vuelta y seguí caminando hacia la parada del colectivo otra vez, definitivamente en ese momento me arrepentí de haber decidido volver a mi casa caminando...
El tipo, al notar mi táctica de escape (?), largó una risotada que siguió con...

- Querés que mande a mi compañero para que te entre al auto? Tan la difícil te ibas a hacer?

Casi vomito mi corazón. En ese momento todo lo que tenía en al vista era la bendita parada de colectivo, donde ya había una parejita de ancianos, esperando. Estaba tan lejos! Inexorablemente me imaginaba todas las cosas que podrían hacerme si no llegaba a tiempo, y las lágrimas querían salirme, no porque quisiera llorar, sino por la desesperación.

Después de un momento, ví el auto desaparecer y escuché un "Andá, fea de mierda". Creo que nunca me había sentido tan bien con un insulto así, nunca me había sentido más tranquila.

Me quedé parada, de nuevo, sin saber qué hacer. Estaba en medio de la cuadra, entre la parada del bondi y una plaza que me llevaría camino a casa. Miré a mi alrededor, abatida, y seguí caminando... pero hacia la plaza.

Crucé la calle y la plaza principal esa noche se veía lúgubre. Estaba asustada otra vez, sin saber qué hacer, y mirando la iglesia que estaba frente a la plaza. Por alguna razón miré la cruz que estaba en al cúpula de la iglesia y con un desesperado suspiro decía "Que no me pase nada, que no me pase nada", los ojos me empezaban a arder y apretaba mi bolso contra mi pecho.

"Que no me pase nada, que no me pase nada, por favor...". Y acá es donde empieza lo sorprendente:

De un momento a otro, en medio del silencio de la madrugada escucho un ruido familiar. Miro hacia atrás, y una inexplicable sensación felicidad y tranquilidad me recorrió el cuerpo cuando entre todo el vacío y la oscuridad, como servido en bandeja, se acercaba un 514.
Corrí a la parada más cercana y me subí, sacando torpemente mis monedas. A las 5:22 me tomé el bondi, un bondi que de día viene cada media hora y que a la mañana empieza a funcionar después de las siete. Un colectivo cuyo chofer me saludó con un amable "buenos días" y que estaba totalmente vacío, solo para mí.

"Gracias", fue lo primero que se me pasó por la mente cuando me senté, tomé el aire que me faltaba y cerré los ojos. Creo que no recuerdo haber sentido tanta tranquilidad y sosiego en mucho tiempo. El colectivo rodeó la plaza, pasó frente a la puerta de la iglesia y siguió su camino.

A las 5:25 ya me había bajado. Un nuevo "gracias" me salió de la boca con una sonrisa cuando me bajé y el chofer LES JURO que me contestó:

- No me agradezcas a mí, que tengas un buen día.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Dulce Espera

Reconozco que cuando el miedo a ser mamá me recorre la piel suelo hacerme la psicológica. Un día de atraso me alcanza para armar espamento y creo tener todos los síntomas de mami en vísperas: dolores de cabeza, mareos, hipersensibilidad, antojos, sensaciones raras por debajo del abdomen... hasta noto que al pasar los días mi panza va teniendo una forma redondeada, más hinchada.
Cuando estoy maternalmente perseguida, el contexto me bombardea con situaciones en las que siempre me cruzo a mujeres embarazadas, en las vidrieras hay ropa para embarazadas y en la tele hay publicidades de pañales o cosas por el estilo. Hasta en mi mente se arma una Liza con el bombo inflado, siempre me sueño acariciando una panza que parece de veintidós meses de gestación...

Pero al final del mes, me doy cuenta de que todos los mieditos fueron en vano porque sacando afuera que los dolores de cabeza, los mareos y las sensaciones raras son totalmente psicológicos, siempre soy hinchapelotamente sensible, antojos los tengo todo el tiempo y además, no es crecimiento de panza... es gordura.

A pesar de esto, mis sueños jamás habían pasado el límite del "embarazo", el bebé nunca llegaba a nacer, siempre me despertaba antes.

Anteanoche fue la primera vez que vi la carita de mi supuesto hijo. Tenía un nombre que terminaba en "ín" (no me acuerdo si era Valentín, Martín, Joaquín...) y a pesar de que sabía que era el hijo de mi novio, habían dos particularidades: la primera, MI HIJO (suena fuerte) era rubio de ojos claros. O sea, sé que hay varios bebés que de muy chiquitos son rubios, incluso mi suegro fue blonder hasta los diez años pero... ¿y los ojos claros de dónde salieron? Los padres somos morochotes, nada de ojos claros. Rarito.
La otra situación rara es que, repito, a pesar de que mi hijo era de mi novio, él jamás apareció en todo el sueño. Yo era la que lo presentaba a toda la familia, y todos lo amaban, todos lo querían... pero el padre ni rastro. Tengo una imagen en la que yo lo llevaba al jardín y mi única acompañante era mi vieja. ¿Qué onda? Más vale que no sea lo que estoy pensando.

La cosa es que me desperté y me quedé con las sensaciones del sueño. Nunca había visto a un hijito mío en sueños, y por varios minutos me quedé pensando en la carita de mi bebé, en lo hermoso que era, en todo lo que lo amaba, en todo lo que me gustaba cuidarlo... por primera vez desde que tengo este tipo de sueños maternales no sentí miedo, sino por el contrario, tuve ganas de estar embarazada, de cuidar un bebé que sea MÍO, mío y de mi novio.

Al pasar la mañana me dí cuenta de que estar medio dormida me hace pensar disparates y seguí con mi vida. ¿Tener un dijo a los 19 años? Nah.
Me subí al tren y entre todo el lugar, JUSTO me fui a ubicar al lado de unas minas las cuales, me dí cuenta, eran mamás babosamente primerizas. Hablaban de anécdotas como las veces en que sus hijos venían y las despertaban en la noche para pedir mimos, en los paseos, cosas así. No pude evitar pensar en mi sueño.

Desde entonces, y aunque lo quiera evitar, estoy teniendo los mismos síntomas de la Dulce Espera. Hasta ahora no me cruzo más embarazadas... pero siempre veo por todos lados a mujeres de la mano con sus hijitos, o haciéndoles upa mientras ellos, con sus vocecitas finitas, hablan de cosas infantiles.

ESTOY LOCA.

lunes, 6 de septiembre de 2010

¡Buenos dias!

No fue la primera vez que me pasó. Siempre me propongo a salir a las siete para llegar a la estación antes de las 7:30 tomarme el tren tranquilita. Pero DE NUEVO dejé pasar el tiempo, y eran 7:15 y yo apenas estaba llegando a ponerme el abrigo para salir.

Ponele que eran las 7:25 y yo bajé del colectivo. Rápidamente caminé hacia las vías y la pequeñez de mis pies talle 36 entorpecían mis apurados pasos. "Camirré" hasta la fila de cinco cuadras (¬¬) que había para sacar boleto, y entre la muchedumbre de gente apurada, divisé unas facciones conocidas que salían de la boletería. Miré por inercia, luego observé con más detenimiento con ojos sorprendidos y volví a sacar mis pupilas de su camino. Todo en menos de un segundo.

En el momento que lo ví, una mezcla de sensaciones que rozaban el nerviosismo y terminaban en incomodidad me hicieron transpirar las manos. Quería salir del apretujón y aunque no quise mirar para evitar el posible bochorno de chocar miradas embroncadas, me dí cuenta de cómo se acercaba. Rozó mi brazo izquierdo empujándolo, y no fue necesario que haga más porque me separé al instante, casi por acto reflejo.

Y así, habiéndome empujado, siguió de largo, como si no notase mi presencia. La campana que avisaba que el tren llegaba empezó a sonar, y retomé el apuro por llegar al andén. La muy simpática chica de cara enculada me dio el boleto y caminé rápido para alcanzar el chúchu. El eléctrico llegó, me subí... no lo volví a ver.

Ahora lo que yo replico es: La educación se fue al carajo, ¿no? Sé que me tendría que chupar un huevo igual, pero me jode MUCHO que la gente pase como si nada, como si no existieras. Peleas, puteadas, no nos podemos ni ver, todo perfect. Pero al menos un "Cómo estás"... en fin. El día me recibió a full.